La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) dio por cerrada la investigación sobre el incidente ocurrido durante el séptimo vuelo de prueba del Starship de SpaceX, que terminó en una violenta explosión sobre el Atlántico.
El lanzamiento tuvo lugar el 16 de enero desde Starbase, la base operativa de SpaceX en el sur de Texas. El despegue inició sin contratiempos: el propulsor principal, Super Heavy, regresó exitosamente a la torre de lanzamiento tras siete minutos. Allí, fue capturado por los brazos mecánicos conocidos como “chopsticks”.
Sin embargo, la etapa superior del cohete, de 52 metros de altura, se destruyó en pleno vuelo pocos minutos después, dispersando restos sobre las islas Turcas y Caicos.
Las lecciones aprendidas de SpaceX
SpaceX determinó en su investigación interna —supervisada y validada por la FAA— que la explosión fue consecuencia de una fuga de propelente, causada por una respuesta armónica más intensa de lo previsto durante el ascenso. Se trata de una vibración excesiva asociada a la naturaleza física del cohete, que generó un esfuerzo estructural que comprometió componentes del sistema de propulsión, desencadenando la falla catastrófica.
La compañía identificó 11 acciones correctivas para evitar que el problema se repita. Todas ellas se implementaron antes del siguiente intento de vuelo, el Flight 8, según verificó la FAA.
El octavo vuelo, que se realizó el 6 de marzo, siguió un perfil similar. El Super Heavy se recuperó con éxito, pero la etapa superior nuevamente se perdió sobre el océano. La investigación sobre este segundo incidente aún continúa. Cabe destacar que la Administración autorizó el vuelo del Starship 8 mientras la pesquisa del vuelo anterior seguía en curso.
Otro intento de vuelo fallido: El New Glenn de Blue Origin
En paralelo, la FAA también cerró la investigación sobre un percance similar ocurrido el mismo 16 de enero, durante el lanzamiento inaugural del megacohete New Glenn de Blue Origin. Aunque la misión logró alcanzar la órbita como se esperaba, la primera etapa falló en su intento de aterrizaje en una plataforma marítima.

En ese caso, el problema fue una falla en el reinicio de motores, lo que impidió realizar la maniobra de reingreso, provocando la pérdida de la etapa. La FAA también validó las conclusiones del equipo de Blue Origin y confirmó que el incidente no causó daños materiales a terceros.
Ambos informes —el del Starship 7 y el del New Glenn— fueron cerrados oficialmente el 28 de marzo. Ninguno de los dos eventos provocó heridos entre la población. Únicamente en el caso del Starship se reportó un solo daño menor a un vehículo en las islas Turcas y Caicos.
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