El cielo del norte de Alaska se convirtió en un laboratorio natural cuando la NASA lanzó dos cohetes en plena actividad auroral. El experimento, bautizado AWESOME (Auroral Waves Excited by Substorm Onset Magnetic Events), busca entender cómo las auroras impactan en las capas superiores de la atmósfera terrestre. Y de paso, regaló un show visual deslumbrante.
La iniciativa está liderada por científicos de la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF), quienes desplegaron dos de los tres cohetes previstos desde la base de lanzamientos Poker Flat, ubicada al norte de Fairbanks. El objetivo es medir cómo las tormentas geomagnéticas alteran el comportamiento del viento y las partículas cargadas en la termosfera y la ionósfera.

Para eso, los cohetes liberaron trazadores de vapor, unas nubes artificiales de gas que brillan al interactuar con la luz solar en altura. Su movimiento, captado por cámaras en tierra, permite mapear con precisión el flujo de partículas y las perturbaciones magnéticas generadas durante las auroras.
El proyecto está liderado por Mark Conde, investigador principal y profesor en el Instituto Geofísico de la UAF. “Estoy absolutamente encantado de que hayamos logrado las condiciones necesarias para lanzar y llevar adelante el experimento”, celebró.
La tecnología detrás del experimento
El primero de los vehículos fue un Terrier-Improved Malemute de 13 metros, seguido por un potente Black Brant XII de cuatro etapas y 21 metros. Ambos liberaron trazadores y sensores de presión a distintas altitudes mientras se desataba una subtormenta auroral. En este fenómeno breve e intenso, las luces polares se vuelven especialmente brillantes y activas.
Además de los rastros visibles, los instrumentos también midieron perturbaciones magnéticas generadas por las auroras, clave para entender cómo estas inyecciones de energía alteran la estabilidad de la atmósfera media e inferior.
Los datos obtenidos permitirán afinar los modelos de meteorología espacial, fundamentales para anticipar el impacto de las tormentas solares en satélites, telecomunicaciones y redes eléctricas.

El operativo de observación incluyó estaciones terrestres con estudiantes y científicos desplegados en múltiples localidades: Utqiagvik, Kaktovik, Toolik Lake, Eagle, Venetie y la propia Poker Flat. Esta red de cámaras permitió cubrir desde distintos ángulos el desplazamiento de los trazadores en la atmósfera.
“Tuvimos dos experimentos independientes al mismo tiempo: uno sobre el centro de Alaska con un cohete de dos etapas, y otro sobre la costa norte con un cohete de cuatro etapas”, explicó Conde. “Eso exigió muchas estaciones de observación y condiciones meteorológicas favorables en varios puntos a la vez”.
Se espera un tercer lanzamiento para estudiar las auroras
El plan original incluía un tercer cohete —otro Terrier-Improved Malemute— que aún no pudo despegar por una anomalía menor en el cableado del motor. El equipo está trabajando para resolver el problema antes del 6 de abril, fecha límite de la ventana de lanzamiento.
Este último vuelo también liberará trazadores, pero requiere condiciones muy específicas: debe realizarse durante el amanecer, cuando la luz solar incide en altitudes elevadas, iluminando el vapor en el cielo, pero sin que amanezca aún en tierra. Solo así las cámaras pueden registrar con claridad las ondulaciones provocadas por los vientos atmosféricos.
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