Desde los confines del sistema solar hasta las regiones más remotas del cosmos, la química orgánica se manifiesta como un componente esencial del universo.

Investigaciones recientes han revelado la ubicuidad de estas moléculas complejas, proporcionando pistas sobre la evolución química que pudo haber conducido al origen de la vida en la Tierra y, posiblemente, en otros mundos.

Molécular orgánicas: Un descubrimiento clave desde los cometas

Hace una década, la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA) se convirtió en la primera en orbitar un cometa, el 67P/Churyumov-Gerasimenko.

Durante dos años, analizó los compuestos que se desprendían de su superficie, descubriendo una asombrosa diversidad de moléculas orgánicas.

Entre ellas, los científicos identificaron rastros de glicina, un aminoácido clave en la formación de proteínas. Más recientemente, también descubrieron dimetilsulfuro, un gas que en la Tierra solo es producido por organismos vivos.

Según Nora Hänni, química de la Universidad de Berna, Rosetta marcó un cambio en el paradigma. Su equipo detectó 44 moléculas orgánicas en un solo día de datos de la sonda. Algunas de ellas presentaban más de 20 átomos, demostrando que los cometas albergan una complejidad química mayor de lo esperado.

Asteroides y la química orgánica primitiva

Las misiones Hayabusa2 de JAXA y OSIRIS-REx de la NASA extendieron esta exploración a los asteroides. En 2020 y 2023, ambas sondas recolectaron muestras de los asteroides Ryugu y Bennu, respectivamente, y las trajeron a la Tierra para su análisis.

Estos estudios revelaron la presencia de al menos 20.000 tipos de moléculas orgánicas en Ryugu, incluidos 15 aminoácidos diferentes. En Bennu, los aminoácidos registrados fueron 14.

“Estos asteroides contienen todo lo necesario para el surgimiento de la vida”, explica Philippe Schmitt-Kopplin, geoquímico de la Universidad Técnica de Múnich.

Los meteoritos, fragmentos de asteroides que alcanzan la Tierra, refuerzan esta evidencia. El meteorito Murchison, caído en Australia en 1969, contiene más de 96 aminoácidos distintos, muchos más de los 20 utilizados en la biología terrestre.

Muestras de material orgánico de Bennu, recuperadas por la cápsula Osiris-Rex de la NASA.

Moléculas orgánicas en el espacio profundo

Más allá de nuestro sistema solar, la exploración con telescopios ha revelado la presencia de moléculas orgánicas en entornos extremos.

En 2023, el telescopio espacial James Webb de la NASA detectó hidrocarburos aromáticos policíclicos en una galaxia joven, apenas 1.500 millones de años después del Big Bang.

Estos compuestos, que en la Tierra se encuentran en el alquitrán y el humo de madera, parecen formarse en las capas exteriores de estrellas moribundas, donde la combustión estelar produce hollín cósmico.

Otro proceso clave ocurre en nubes moleculares frías, donde partículas de polvo recubiertas de hielo facilitan reacciones químicas que conducen a la formación de compuestos como metano y metanol.

“Incluso en las condiciones más frías y oscuras, la química orgánica puede desarrollarse”, explica Alice Booth, astrónoma de la Universidad de Harvard.

Esquema de moléculas orgánicas.

¿Cómo sobreviven estas moléculas a la formación de sistemas planetarios?

El nacimiento de un sistema solar es un proceso violento, con temperaturas extremas y radiación intensa. Sin embargo, observaciones han detectado metanol en discos protoplanetarios.

Esto sugiere que las moléculas orgánicas pueden resistir condiciones críticas y contribuir a la química de los nuevos planetas.

Modelos computacionales de 2024 indican que la formación de moléculas orgánicas complejas no solo ocurre en las nubes primordiales, sino que puede intensificarse durante la formación planetaria.

“Las mismas regiones donde los planetas nacen parecen ser fábricas de compuestos orgánicos”, señala Booth.

Un total de 121,6 gramos de materia extraida del asteroide Bennu.

La exploración en marcha

Si los materiales básicos de la vida provienen del espacio, entonces la química prebiótica podría ser un fenómeno universal. Por ello, varias misiones espaciales buscarán rastros de compuestos orgánicos en mundos prometedores del sistema solar.

JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer), de la Agencia Espacial Europea (ESA), explorará las lunas heladas de Júpiter. La misión podrá especial atención en Ganímedes, donde un océano subterráneo podría albergar las condiciones necesarias para la vida.

Por su parte, Europa Clipper, de la NASA, se enfocará en Europa, la luna jupiteriana con un océano global bajo su superficie. Su instrumental buscará moléculas orgánicas en los penachos de agua que emergen de sus grietas heladas.

Finalmente, Dragonfly, programada para llegar a Titán en la década de 2030, será un dron que explorará su densa atmósfera y su superficie rica en compuestos orgánicos. Este satélite de Saturno posee lagos de metano y etano, lo que lo convierte en un laboratorio natural para estudiar química prebiótica.

Un universo a la espera de respuestas

En la Tierra, los compuestos orgánicos primitivos evolucionaron hasta formar estructuras cada vez más complejas, hasta que surgieron los primeros organismos.

La hipótesis del “mundo PAH” postula que hidrocarburos aromáticos policíclicos pudieron haber jugado un papel clave en la síntesis de las primeras moléculas genéticas.

Si la vida surgió aquí, ¿por qué no en otros rincones del cosmos? Cada asteroide, cada luna helada y cada nube molecular que analizamos nos acerca a una respuesta.

Tal vez, en algún futuro no tan lejano, una señal inequívoca revele que la bioquímica no es un fenómeno exclusivo de nuestro planeta, sino una consecuencia natural de un universo en constante evolución.

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